Interpretación de encuestas electorales, más allá del resultados

Captura de pantalla 2018-04-13 a la(s) 14.43.05.pngPublicación DDT AMAI  para Mayo  2018

La mayoría de las agencias de inteligencia de mercados no estamos en el ojo del público, normalmente quien nos conoce es porque trabaja en la industria o utiliza nuestros servicios. Lo anterior suele alterarse cuando la gente se expone a las encuestas electorales. Lógicamente mucha gente hace una conexión a la efectividad de las mal llamadas “casas encuestadoras” utilizando como referencia la certidumbre que tienen sus resultados en pronosticar al ganador en la contienda electoral.

En elecciones recientes realizadas en México, las declaraciones de periodistas y analistas respecto a la poca precisión de las encuestas lastimó al gremio. Incluso a aquellas agencias que estamos convencidas de no trabajar con partidos políticos. Es imposible tener certeza de su validez ya que no tuvieron auditorías pero la realidad es que muchos de los cuestionamientos fueron producto de la ignorancia y la falta de interés por la metodología.

La historia se repite en 2018, y nuevamente vemos encuestas que buscan decirnos con anticipación quién va a ser el nuevo presidente de México. Para muchos, estos resultados preliminares son el “árbitro” y son una herramienta para sentirse ganador o perdedor durante la campaña o el día de la votación. Varias veces hemos visto que al terminar las votaciones un candidato empieza a celebrar su victoria sin que lo haya aprobado el INE porque “todas sus encuestas” lo declaran ganador.

Es válido compartir una perspectiva razonada y científica sobre lo que realmente se puede interpretar de los resultados de las encuestas. Por no ser interesantes, muchos no se detienen a razonar sesgos que pueden existir y generar una diferente interpretación de lo que se lee en el resultado.

Para ayudar a formar una opinión mejor configurada vale la pena reflexionar sobre algunos temas que nos pueden dar una mejor perspectiva y entendimiento de una encuesta.

Metodología y técnica de levantamiento

Hay un valor entendido en la industria de inteligencia de mercados que aplica para cualquier estudio: “Si no haz leído la metodología, no saques conclusiones”. Tomar decisiones sin conocer cómo se hizo el estudio nos puede llevar a caminos incorrectos. Hablando de estudios cuantitativos (encuestas de preferencia electoral), mínimo debemos conocer lo siguiente:

  • Cuántas encuestas se hicieron y los errores de precisión de cada dato
  • Reparto y ponderación de la muestra
  • Método de muestreo
  • Forma de aplicación de la encuesta (online, personal, telefónica…)
  • Ciudades o zonas donde se realizó

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En fin, todas estas precisiones y quizá algunas más no necesitan gran conocimiento científico, pero darnos tiempo para reflexionarlas nos permiten tener sensibilidad sobre la representatividad de la muestra. ¿Es lo mismo si la entrevista se hizo sólo en zonas urbanas? Es más caro y complicado hacer entrevistas en zonas rurales y esas personas también votan, si no son consideradas, la representatividad de lo que es una contienda electoral baja. Otro ejemplo, ¿fue por teléfono? Es decir, ¿estamos dando por hecho que la gente que va a votar lo tiene? ¿podemos obviar que el electorado es así? ¿Será lo mismo si el sondeo es aleatorio en donde no le decimos a las personas que la encuesta es para preferencia electoral? Les comento que son los más radicales los que les interesa participar en encuestas y tener voz (los que quieren cambio). Necesitamos conocer lo anterior para acotar la representatividad que le damos a la muestra. No necesitamos ser expertos para interpretar cómo estas variables pueden alejarnos de la realidad de una elección respecto a una encuesta.

Compara los datos demográficos del electorado (de aquellos que hayan votado) y contrasta con el peso que se les dio en la muestra de la encuesta, ¿se han respetado ponderaciones en el reparto o al momento de procesar?, si esto no se hizo entonces pierde representatividad.

El cuestionario ¿Qué es exactamente lo que le preguntaron a la persona encuestada?

Otro tema de posible desviación es la pregunta que se le hizo al encuestado y la interpretación de la misma. La mayoría de las encuestas parten de un fraseo de la siguiente pregunta “Si hoy fuera a votar por el próximo presidente de la República, ¿por cuál candidato lo haría?”. Es decir, SI HOY FUERA pero hoy no es la elección.

¿Es lo mismo preguntar lo que harías hoy respecto a que lo dices que harás mañana? Es decir, si te pregunto, ¿cuánto tiempo de ejercicio hiciste hoy? vs. ¿cuánto piensas hacer el mismo día pero de la próximas semana? ¿serán los mismos resultados? no necesariamente ¿verdad? Puedes cambiar de opinión cuando llegue el día o las circunstancias pueden ser distintas. Más que en cualquier otra elección anterior, la información llega más rápido a la gente. La era digital permite enterarse rápidamente de cualquier elemento constructivo o destructivo de algún candidato. Por ejemplo, contradicciones, comentarios, ideas, insultos, descalificaciones o por qué no, actos de corrupción (ciertos o no) que pueden ser significativos y cambiar la opinión de una persona de un día para otro. También consideremos que cuando algo sucede, el voto puede alterarse después de un periodo de reflexión y de discusión con nuestro círculo cercano de familiares y amigos.

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Hay ejemplos en los que tan sólo un suceso días antes de la elección ha cambiado una contienda electoral. No es raro que haya cambios en la preferencia en el tiempo en que se puede publicar por ley encuestas y el día de la elección. En Perú́ pasó algo similar hace años con la hija de Fujimori, en 3 días cambiaron las tendencias. En España, hay elementos para pensar que el expresidente Zapatero que iba a perder, llegó al poder por el mal manejo del evento de Atocha por parte del gobierno en turno.

Es factible que los mexicanos como en cualquier contienda electoral, cambien su tendencia de voto en pocos días. Algo puede pasar que altere las preferencias que no alcance a ser medido en las encuestas, o lo que en la mayoría de los casos sucede; que un porcentaje importante decide su voto al momento de estar en la casilla, frente a la boleta.

El indeciso, el apático y el mentiroso

¿Sabías que las últimas encuestas de la contienda del año 2000 daban por ganador a Labastida? Fox terminó ganando por +7%.

Las encuestas tienen normalmente dos matices, el término puede variar, pero existe el dato contando a los que no han decidido su voto y los que sí. Realmente el que da una interpretación integral es aquél que cuenta a los indecisos.

Los indecisos destruyen el supuesto pronóstico de una encuesta, son muy importantes y cuando hay diferencias pequeñas, son los que terminan inclinando la contienda hacia algún lado. Los indecisos no se van a repartir en la misma proporción que los que tienen la decisión y en el momento de sumar votos, se consideran los de ambos.

El indeciso normalmente es aquél que no sabe si quiere un cambio y típicamente se va a inclinar al final a no quererlo. ¿Por qué? suele pasar que los que quieren un cambio más radical y no están conformes ya lo saben, y por ello ya decidieron. No se puede generalizar, pero el indeciso tiende hacia la opción conservadora de lo que ya hay. Es decir, si los indecisos van a las casillas, le va a favorecer probablemente al que proponga seguir igual.

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Ahora, un contraste con la idea anterior es que los indecisos son los menos participativos en encuestas y procesos electorales. Muchos de los que no votan son de este perfil y por ello los que quieren el cambio, votan más. Se puede atribuir una buena explicación del Brexit a esto, los que querían quedar como estaban, no salieron a votar y los que querían el cambio fueron los primeros en formarse. Lo mismo el triunfo de Trump para presidente de USA, los más conservadores votaron menos y los que querían un cambio drástico no perdieron la oportunidad de hacer valer su voto.

En la elección pasada, de acuerdo a muchas encuestas, se hacia notar que la sexta parte no tenía decidido su voto y es muy posible que ello haya generado un cambio sobre lo que reportaban.

Hay otro personaje a considerar: El que no dice la verdad. Por ejemplo, las ideas de Trump eran radicales, incluso caían en lo racista. ¿Podemos pensar que una persona encuestada no se siente cómoda diciendo que comulga con sus ideas? (aunque por dentro sí lo haga). Por lo cual en un afán de no verse mal en sociedad es mejor no manifestar ideas que no sean socialmente aceptadas.

La elección es polarizada y hay personajes controvertidos con los cuales aceptar que estamos a favor de sus ideas, no nos dejan bien. Por lo anterior, alguien puede decir que votará por un candidato y realmente hacer algo distinto para no verse mal.

Tamaño de la muestra

La pregunta mágica ¿cuántas encuestas se necesitan para tener representatividad?

Entendamos primero que la representatividad es relativa de acuerdo a cada quien. Un porcentaje de error puede tener mayor representatividad para una persona o para otra. Es tan fácil como decir si una sopa está caliente. Yo puedo probarla y percibir que sí y aun con la misma temperatura otra persona probarla y decir que no. Nadie está mal, es lo que interpretamos de la temperatura de la sopa, aunque sea la misma. No hay ley universal sobre lo que es estadísticamente representativo, aunque sí hay convencionalismos aceptados.

La mayoría no tiene claro lo que es una muestra robusta y hay elementos para pensar que una buena parte de la población que lee cuántas personas fueran entrevistadas, decida su representatividad en función de si le suena mucho o poco. Vamos a tocar el tema de la estadística y cómo leerla, pero antes hay que explicar que toda muestra tiene no uno, sino DOS TIPOS de error para representar a su población o universo.

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El primer error no tiene que ver con estadística. Tiene que ver con lo que ya se dijo y se refiere a que la encuesta no sea representativa por un tema de muestra o levantamiento. Imagina que yo hago una encuesta con 5,000 casos para una marca de lujo de auto. ¡Maravilla! son muchísimos, suena bien. Sin embargo, me preguntas, ¿a quiénes entrevistaste? a lo que yo contesto “adolescentes de 13 a 19 años”. “Ya no me sirve el estudio” “¿pero por qué no? si aplicamos la fórmula para el error de precisión, sin duda va a ser pequeño con respecto a la mayoría de las encuestas” ¿no?

Si lo vemos sólo en términos de la fórmula así será, pero es sentido común que los adolescentes no son representativos de la compra de autos de lujo; aunque triplique la muestra no va a servir. Lo mismo aquí, aunque yo entreviste a muchas personas si no fueron adecuadamente muestreadas, para representar al universo, no es robusto. Por ejemplo, que no se haya ponderado la muestra o se haya ido sólo a zonas densas de población.

Vale la pena hacer notar que incluso una muestra pequeña puede ser a este nivel más representativa que una mayor si se ponderó adecuadamente y se cuidaron elementos de levantamiento. El tema es que aquí entra el criterio, no la estadística. Por lo cual si este error no nos convence, no es representativo aún cuando se hagan muchas encuestas.

El otro error es el que se llama muestral y es la diferencia que existe respecto al dato real del universo y lo que la muestra dice. Mientras no se entreviste a toda la población el error muestral va a existir. Entre más encuestas se hagan, este error se hace pequeño. Éste es el que comúnmente vemos con un porcentaje en las letras chiquitas cuando algunas encuestas nos explican la metodología.

¿Cómo se lee?, ejemplo: si un candidato tiene una preferencia del 40% en la encuesta con un margen de error del 6% se interpreta que, de la población total representada por esa muestra, entre el 34% y el 46% (40% +/- 6%) va a votar por él. Lo anterior siempre con un margen de certeza estadística, normalmente 95% (es decir hay un 5% de probabilidad de que ese error no sea cierto).

Por lo cual, el dato se lee así “si la votación fuera el día de hoy, entre el 34% al 46% votaría por él (no necesariamente el 40%) con un 95% de confianza”. ¿Qué pasa si tenemos otro candidato que tiene 35% en las preferencias electorales con por ejemplo un 5% de error (sí, el error puede ser distinto para cada candidato en el mismo gráfico). Este candidato tiene entre 30% y 40% de reparto al mismo nivel de confianza (35% +/- 5%).

Y aquí viene lo bueno; lo que la encuesta está diciendo y que muchos no ven, es que el primer candidato recibirá entre el 34% y 46% de los votos y el otro entre el 30% y el 40%. Quiere decir que los rangos de su preferencia se cruzan. Esto es lo que vulgarmente se llama “empate técnico”. Quiere decir que, aunque veamos que un candidato tiene 40% y otro 35%, estadísticamente están empatados y no se puede declarar un ganador. Si los rangos de error no se cruzan, entonces sí, estadísticamente al nivel de confianza correspondiente, uno es más alto que el otro.

¿Entonces sirven las encuestas o no?

Claro que sirven, y mucho. Tanto que incluso los mismos candidatos hablan de ellas y valoran los resultados de su campaña de acuerdo a lo que éstas indican. Sin embargo, lo más fácil es irse con el resultado, pero es importante no dejar de leer la metodología.

Lógicamente lo que más nos interesa es formar una opinión basada en los resultados, pero para que sea objetiva, hay que acotarla con los criterios aquí descritos. Por ejemplo, si la encuesta dice que fue telefónica en tres ciudades, así tómala, no representa a todo el país, pero sí a ese grupo de personas que puede tener su representatividad.

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Las encuestas que se exhiben públicamente son para darnos una idea de un proceso que nos interesa a todos, pero también son armas que utilizan los involucrados para mover nuestra opinión a su favor. Es válido también tener una duda razonada sobre la honestidad que hay detrás de los números, lógicamente una empresa se juega su prestigio en lo que reporta. Ciertamente, más allá del rigor científico no existen auditorías conocidas al público sobre la veracidad de los datos y manipulación de los mismos.

Para la mayoría de las agencias (nunca “casas encuestadoras” por favor), el hecho de que el público le llegue a dar poca credibilidad a las encuestas electorales nos lleva a la tonta conclusión de que no sirven porque el resultado final difiere de lo que se dijo. Habrá que darse cuenta de que estas diferencias pueden suceder por lo aquí explicado u otras razones. Sin embargo, su desviación sobre el resultado de la contienda electoral final no debe interpretarse como algo negativo.

Las encuestas electorales forman una pequeña parte de las muchas temáticas que hacemos las agencias de inteligencia de mercados. De ninguna manera se debe relacionar su efectividad en otras industrias con el uso que le dan los políticos. La inteligencia de mercados ayuda a que la gente tenga mejores productos y servicios en su vida.

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Interpretación de encuestas electorales, más allá del resultados

Reflexiones sobre los resultados de las encuestas de elección presidencial: cacería de brujas

Recientemente la industria de investigación de mercados ha sido blanco de ataques y de menosprecio por no haber pronosticado con precisión la elección presidencial. En la mayoría de las encuestas antes de que la ley prohibiera publicarlas, la ventaja para Peña Nieto resultaba sensiblemente más elevada que los resultados finales de la elección. La semana pasada, Milenio en la voz de Ciro Gómez, pidió una disculpa porque se equivocaron en pronosticar el resultado exhibiendo a su agencia al aire. También se lee en redes sociales a mucha gente atacando a las agencias como “vendidas”

Algunas reflexiones son pertinentes respecto a la cacería de brujas que se han canalizado hacia las agencias de investigación de mercado. Estas empresas no tenemos normalmente conexión ni conocimiento directo con el público como lo tienen los medios. Estos ataques, ¿son realmente 100% atribuibles a las agencias?, quien da la nota ¿no causa posibles sesgos? La lectura que una investigación de mercados tiene puede cambiar sensiblemente si analizamos metodología e interpretación.

La metodología ¿no es taquillera?

Durante las innumerables encuestas que tuvieron espacio en noticieros para dar pronósticos hubo tiempo de sobra para discutir los números. Sin embargo, pocos fueron los que le dieron algún interés al marco teórico. De las resultados que viste en medios, ¿te acuerdas del tamaño de muestra? ¿te enseñaron dónde se hizo? ¿fue telefónico, internet o personal?. Conociendo esta información, ¿podemos pensar que la mayoría sería capaz de valorar qué universo de los mexicanos representa?.

El muestreo es clave y los resultados de una entrevista no necesariamente están mal si se leen adecuadamente. Por ejemplo, ¿crees que de verdad aquellos que hacían las encuestas diarias o cada dos o tres días, fue posible representar adecuadamente las áreas rurales? ¿No piensas que las cosas cambian si entrevistan sólo gente que sabe leer o que tiene luz? ¿Qué efecto podría tener entrevistar áreas rurales sólo de las principales ciudades o en una zona del país?

Hemos visto los resultados de las elecciones y por ello nos hemos dado cuenta que la demografía de la muestra tiene un efecto discriminatorio estadístico en la preferencia electoral. No sólo en el tema de áreas rurales y urbanas sino en varios demográficos. De no haber existido un adecuado muestreo en términos de genero, edad, zona geográfica y nivel socio económico, el resultado puede variar respecto a lo que va a pasar cuando todo el padrón electoral vote. ¿Ya viste qué perfil demográfico votó por cada candidato?  ¿Lo comparaste con la muestra utilizada en las encuestas citadas? Seguro que merece una leída.

Lo anterior no quiere decir que las encuestas citadas estén bien o mal hechas, es perfectamente válido que se exponga lo que un segmento de la población prefiere. Si se hizo por teléfono, no es problema, siempre que se presente como tal. Con ello, el lector es capaz de acotar mentalmente el alcance del resultado. Pero esto no es taquillero para un medio, lo mejor es decir que tiene representación nacional o del electorado aunque no sea así. Un muestreo adecuado es factible y cualquier investigador de mercados sabrá proponerlo. Sin embargo veo muy claro que los presupuestos para pagarlo o la exigencia de tiempo no favorecen la calidad de los resultados. Las agencias son las responsables de respaldar técnicamente el muestreo, aquellas que no lo hicieron y ofrecieron resultados a nivel país no fueron responsables. Los medios de comunicación también lo son si van a dar la nota.

Tamaño de la muestra ¿importa?

El tamaño de muestra es otro elemento que nos hace la diferencia. Los que nos dedicamos a la investigación de mercados sabemos que si las diferencias son tan grandes como las mostradas en las encuestas, se puede saber con 1000 casos lo que va a pasar a nivel nacional con suficiente confianza estadística. Lo anterior, siempre y cuando se haga muestro con la representatividad del segmento que se estudia. Si las entrevistas fueron distribuidas adecuadamente en la República y cuidando todos los pesos de variables demográficas, es factible tener confianza en el resultado.

En la mayoría de las encuestas presentadas en medios masivos prácticamente no se comentó cuánta gente estaba participando en la muestra. Si fueron 100 o 10,000, no lo sabremos porque el medio tampoco quiere invertir valioso tiempo de su espacio en cosas aburridas o que ponen a pensar a la audiencia. En el mejor de los casos se hizo un anuncio para que entrar al website y consultar ahí el detalle metodológico. Veo a pocos haciendo esto (siempre considerando que el 60% de la población no tiene acceso a internet). No estamos acostumbrados a exigir metodología, un estudio de mercado no es un chisme de revista en el que “creemos”. Cuando analizamos un estudio de mercado tenemos que razonar, no usar actos de fe.

No se puede decir que las encuestas necesariamente cumplieron con rigor metodológico. A nadie le importó el tema y pocos comunicadores le dieron espacio. El resultado de todas las encuestas puede estar bien o mal, no lo sé, pero me gustaría poder entender bien los parámetros descritos anteriormente. Con ello es factible hacer un juicio objetivo sobre el trabajo de las agencias respecto a cómo se interpretó o dio la nota. Los medios de comunicación deberían ser los primeros interesados en transparentar la metodología.

¿Qué decían verdaderamente las encuestas?

Una vez que hemos tenido un criterio informado sobre la representatividad de la muestra, tenemos que pasar al siguiente punto para formar una opinión objetiva. ¿Qué se estaba preguntando en las encuestas?. ¿Tuviste oportunidad de leer la herramienta? ¿le interesó a las audicencias? Es poco probable. Independientemente de qué se preguntó en las encuestas se leían como el resultado de las elecciones. Error.

Dado que es complicado conocer las herramientas en cuestión, utilizaremos como hipótesis que se utilizó la pregunta que la teoría dice que mejor pronostica una elección. La mayoría debió utilizar el fraseo “Si hoy fueran las elecciones, ¿por quién votaría?”.  El resultado de esta pregunta fue leída en los medios y por la mayoría como el pronóstico para el futuro presidente de México.

¿Es lo mismo preguntar lo que harías hoy respecto a que lo dices que harás mañana?. Es decir, si lo te pregunto, ¿cuánto tiempo de ejercicio hiciste hoy? vs. ¿cuánto piensas hacer este mismo día pero la próxima semana?, ¿serán los mismos resultados? ¿no verdad? . Contextualmente el proceso de voto de los mexicanos en esta elección estuvo plasmada de muchos altibajos que pudieron tener un efecto en los resultados. En una campaña política las preferencias pueden cambiar no en días sino en horas. Por ejemplo cuando, Peña Nieto que no puede mencionar 3 libros, cuando Paulina le dijo prole a quienes atacaron a su padre, #Yosoy132, los debates presidenciales etc. Durante toda la campaña, hay pequeños o grandes eventos que alteran lo que una persona va a hacer con su voto. En muchas ocasiones estos hechos no alteran el voto de un día a otro sino después de un periodo de reflexión y en ocasiones de discusión con nuestro círculo cercano de familiares y amigos.

Por lo anterior, hay que leer el resultado como lo que es: lo que pasaría si las elecciones fueran hoy. Eso es lo que reflejaron las entrevistas que vimos publicadas, lo que hubiera pasado, y  ni siquiera ese día sino uno o dos antes (que es cuando se hace la entrevista).

No es raro que haya cambios en la preferencia electoral en el tiempo en que se puede publicar por ley la última encuesta y el día de la elección. En Perú pasó lo mismo con la hija de Fujimori, en 3 días cambiaron las tendencias. En España, el expresidente Zapatero llegó al poder por el manejo del trágico evento de Atocha en tan sólo menos de 24 horas. ¿Sabías que las últimas encuestas de la contienda del año 2000 daban por ganador a Labastida? Fox terminó ganando por +7%.

Entonces es factible que los mexicanos como en cualquier contienda electoral, cambiaran su tendencia de voto en pocos días. No certifico que haya pasado, pero es factible y aceptable.

La sexta parte no lo tenía decidido

Otro punto importante que es consistente fue que aproximadamente la sexta parte de los votantes no había decidido su voto. Es decir, además de la gente que pudo haber cambiado su voto, también había un grupo significativo de mexicanos que no había decidido qué hacer. ¿Leímos en el pronóstico si la preferencia era bruta o neta?. El hecho de que la sexta parte no tuviera decidido su voto, es mucho y suficiente para alterar la preferencia neta.

De acuerdo al resultado efectivo de la elección, aproximadamente el 62% de los mexicanos no votó por el ganador. A nivel cualitativo es evidente que hay mucha gente que no estaba conforme con los candidatos y cuyo criterio era anti-PRI. Sabemos también de acuerdo a las encuestas y resultado de la elección, que López Obrador era el segundo lugar. ¿No parece lógico que de esa sexta parte que no tenía decidido su voto, muchos esperaron a conocer quién tenía más posibilidad sobre los dos candidatos que podían ganar al PRI?. Si consideramos esa hipótesis entonces es lógico que mucha gente de esa sexta parte le diera votos a López Obrador, cambiando así las tendencias netas.

Sería muy interesante complementar esta hipótesis localizando a la gente que no había decidido su voto y comprobar por quién votó.

Cacería de brujas: A la hoguera con las agencias de investigación de mercados

Los investigadores de mercado no somos brujos ni magos, no predecimos el futuro. Somos científicos de las ciencias sociales. Nunca hay que perder de vista que un fenómeno en ciencias sociales se mueve con probabilidades estadísticas e interpretaciones humanas. Si alguien la interpreta por mi y me esconde la metodología, es sesgar mi opinión basada en la de alguien más. En una investigación, ambos podemos ver un resultado y tener interpretaciones válidas pero diferentes. La estadística es una herramienta precisa, pero no exacta. Sus resultados después de una validación técnica y convencional, están sujeto a interpretaciones.

En lo personal no soy capaz de “meter la mano” al fuego por los estudios que hoy son víctimas del cuestionamiento. No conozco a fondo sus procesos pero sí sé que en su mayoría son colegas serios que no publicarían algo que lastime su prestigio. Pienso que no es justo ni objetivo decir que estaban “vendidos” sin reflexionar los elementos anteriores.

Si quieres formar una mejor opinión sobre el tema, exige metodologías y técnicas de levantamiento. Dale su tiempo a la reflexión que permita desligar lo que opina el medio de lo que realmente refleja el estudio que te están presentando. No necesariamente la interpretación está mal pero tienes derecho a retarla antes de formar una opinión con datos. No sólo en política sino en cualquier investigación, este hábito permite tomar mejores decisiones y formar mejores criterios que se alejen de subjetividades.

Leer la metodología y retar la interpretación con argumentos, es una práctica saludable y necesaria en inteligencia de mercados. No te quedes con lo que otros interpretan para ti.

Reflexiones sobre los resultados de las encuestas de elección presidencial: cacería de brujas